XXV
Y en el espejo solo ves carne podrida,
y tu ropa doblada encima del sillón,
esperando a que nadie te la ponga.
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Y los excusas mil veces y los perdonas mil una,
desde la soledad de tu cuarto, los dias de visita.
Y ahora que ves tu vida como ajena, esperas la hora,
como quien va a la compra, desde esa residencia
donde te han aparcado.
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Ya sabes por qué,
la comida de hoy te sabe a la de ayer.
Ya sabes por qué viene a cada instante, a tu mente marchita, la palabra ingratitud.
Y te preguntas para qué le robas a la vida cada nuevo hálito.
Si hoy no eres lo que fuiste.
Si hoy no tienes un mañana.
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Cuando los pocos que te hablan escupen frases anodinas, entonces te apercibes, que no es a ti, si no a tu tumba a quien se dirigen .

Que bueno que eres tío.