Las Sillas.
No merecen volver a oler la hierba fresca
Quienes se dejan humillar por dos maravedíes.
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Ellas querían aullar a las sillas vacías,
después del diluvio.
Pero las encerraron cuando el reloj dio las doce
y ahora se llevan puñados de arena a la boca
por cada hijo que ha muerto
en su regazo.
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La guerra se llevó lo mejor de los hombres
y dejo los libros sin títulos
y los rostros ajados de quienes la jugaron.
Enfermos de ira y alcohol,
esperan cabizbajos en los sótanos,
a que llenen esas sillas rollizos culos
para lamerles el suelo en donde escupen.
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No quisieron darle status a nuestros nichos,
ni quintuplicar las fuerzas
y pasaron a cuchillo a sus iguales,
alegando una justicia
que no existe.
Y pusieron a las niñas, meretrices
de los nobles….
Y cantaron viejas canciones de guerra
brindando en los cráneos de sus muertos.
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Laten fuerte los cobardes, que esas sillas sostengan
una idea marchita del cómo y del cuándo.
Pero, mientras las madres aúllen al alba,
nadie volverá a sentarse en ellas.
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No merecen volver a oler la hierba fresca,
quienes se dejan humillar por dos maravedíes.
