Las Sillas.

No merecen  volver a oler la hierba fresca

Quienes  se dejan humillar por dos maravedíes.

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Ellas querían aullar a las sillas vacías,

después del diluvio.

Pero las encerraron  cuando el reloj dio las doce

y ahora se llevan puñados de arena a la boca

por cada hijo que ha muerto

en su regazo.

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La guerra se llevó lo mejor de los hombres

y dejo los libros sin títulos

y los rostros ajados  de quienes la jugaron.

Enfermos de ira y alcohol,

esperan cabizbajos en los sótanos,

a que llenen esas sillas rollizos culos

para lamerles el suelo en donde escupen.

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No quisieron darle status  a nuestros nichos,

ni quintuplicar las fuerzas

y pasaron a cuchillo a sus iguales,

alegando una justicia

que no existe.

Y pusieron a las niñas, meretrices

de los nobles….

Y cantaron viejas canciones de guerra

brindando en los cráneos de sus muertos.

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Laten fuerte los cobardes, que esas sillas sostengan

una idea marchita del cómo y del cuándo.

Pero, mientras las madres aúllen al alba,

nadie volverá a sentarse en ellas.

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No merecen volver a oler la hierba fresca,

quienes se dejan humillar por dos maravedíes.

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~ por elmaestrodelsubsuelo en 14 febrero 2011.

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